viernes, 15 de mayo de 2009

13 lineas para vivir

Esto es realmente hermoso y queria compartirlo con uds....espero lo disfruten....

GABRIEL GARCÍA MARQUEZ

"13 LÍNEAS PARA VIVIR"



1. Te quiero no por quien eres, sino....... por quien soy cuando estoy contigo.


2 Ninguna persona merece tus lágrimas, y quien se las merezca no te hará llorar.


3. Solo porque alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser.


4. Un verdadero amigo es quien te toma de la mano y te toca el corazón.


5. La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.


6. Nunca dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa.


7. Puedes ser solamente una persona para el mundo, pero para una persona tú eres el mundo.


8. No pases el tiempo con alguien que no esté dispuesto a pasarlo contigo.


9. Quizá Dios quiera que conozcas mucha gente equivocada antes de que conozcas a la persona adecuada, para que cuando al fin la conozcas sepas estar agradecido.

10. No llores porque ya se terminó, sonríe porque sucedió.


11. Siempre habrá gente que te lastime, así que lo que tienes que hacer es seguir confiando y solo ser más cuidadoso en quien confías dos veces.


12. Conviértete en una mejor persona y asegúrate de saber quien eres antes de conocer a alguien más y esperar que esa
persona sepa quien eres.


13. No te esfuerces tanto, las mejores cosas suceden cuando menos te las esperas.


XOXO Ana Clara

Reneesme Fanfiction


Bueno aca les dejo un fanfiction que estoy leyendo que es realmente genial :) es la continuación de amanecer, la historia de Reneesme...

http://midnightsleepless.blogspot.com


Acá les dejo el primer capítulo...

El Regreso

“Por fin” suspiré mientras observaba el anuncio de mi llegada a Forks. Había decidido hacer ese viaje en auto, aunque mis padres se habían empeñado que tomara un vuelo hasta Seattle. Pero si había decidido hacer un viaje largo era precisamente porque necesitaba mucho tiempo a solas y en silencio para poder dar rienda suelta a mis pensamientos; pensamientos que habían surgido casi un año atrás, y que me habían obligado a estar constantemente alerta para que mi papá, con ese maravilloso don que poseía, no se enterase de ellos.
Observé con detalle el pequeño poblado que se presentaba ante mí conforme me adentraba en él. Parecía ser uno de esos tantos y típicos días cubierto de espesas nubes, evitando que la luz del sol se filtrara entre ellas. Entendía por qué mi familia adorara vivir ahí, por qué añoraban poder regresar algún día, cuando hace unos seis años atrás tomaron la decisión de irse de ahí.
Seis años… qué rápido avanzaba el tiempo en la eternidad. Seis años aprendiendo lo que a la mayoría le tomaba toda una vida. Claro, pero yo no era como la mayoría. Ni mi familia más cercana era como la mayoría, ni siquiera él, el hombre por el que mis pensamientos se encontraban en una encrucijada desde hacía varios meses.
Al recordarlo, mi cuerpo no pudo evitar un estremecimiento. Aunque mi temperatura corporal sobrepasaba la media por algunos grados, el recuerdo de la última vez que nos vimos me provocó una sensación helada en el pecho.
Di vuelta a la izquierda en un cruce de caminos y enfilé el auto tratando de no presionar de más el acelerador. Aunque detestaba conducir a menos de 150 kilómetros por hora, sabía que no quería que el reencuentro con mi abuelo Charlie fuera él deteniéndome por conducir con exceso de velocidad mientras me aplicaba una infracción y amenazaba con llamar a mis padres para que me dieran una buena reprimenda.
Estacioné el “viejo” Aston Martin V12 Vanquish de papá fuera de la casa del abuelo. Su patrulla estaba estacionada en la cochera, por lo que supuse que se encontraría en casa. Tomé el ligero suéter negro que descansaba en el asiento del copiloto, así como el enorme bolso Vuitton que la tía Alice me regaló la semana pasada. A ella le encantaban las compras y buscaba el menor pretexto para regalarme cosas, contra las protestas de Bella, o mejor dicho, de mi madre, que temía que me convirtiera un una insoportable niña inmortal mimada. Aunque al final, creo que eso no había sucedido, porque mientras mis tíos Alice, Rosalie y Emmett, así como la abuela Esme serían capaces de poner el mundo a mis pies, mis padres y el abuelo Carlisle se encargaban de darle el balance necesario a mi existencia.
No es que me regañaran en exceso o me castigaran con crueldad. No, no, ni siquiera habían sido capaces de darme una buena nalgada la única vez que hice un monumental berrinche, que de recordarlo, hasta a mi misma me provocaba darme una buena azotaina. No, eran demasiado pacientes pero inflexibles al hacerme entender, mediante las palabras, la diferencia entre el bien y el mal, así como mi responsabilidad hacia mi familia y aquellos que me rodean.
Me eché un último vistazo en el retrovisor, comprobando que tenía un aspecto “decente” después de conducir el auto más de doce horas. Salí del auto con un movimiento rápido pero elegante, aprendido de las exquisitas y ultra femeninas mujeres de mi familia. Subí a prisa los escalones de la entrada y toqué con firmeza a la puerta. Estaba nerviosa, sentía un enorme nudo en la garganta y en el estómago por la anticipación. Aunque Charlie había sido una presencia constante en mi vida, habían pasado por lo menos seis meses sin vernos físicamente.
No cabía duda que no solo los Cullen poseían una asombrosa fuerza, también del lado de los Swan habían se había hecho un importante aporte en ésa área a mi carga genética. Porque, aunque el abuelo Charlie no poseía esos descomunales músculos del tío Emmett, o la agilidad y destreza del tío Jasper o de mi propio padre, el abuelo había mostrado una fortaleza por demás envidiable, una entereza extraordinaria para, sin jamás hacer una pregunta directa, comprender y aceptar las extraordinarias circunstancias que envolvía a los Cullen, entre ellas, mi propia existencia. O, ¿de qué otra forma se entendería que, aceptara que en ocho años, había pasado de ser una bebé en pañales, a una mujer con la apariencia de 18 años, totalmente desarrollada física y, esperaba, mentalmente?
Al tercer golpe que di a la puerta, esta se abrió lentamente, a la vez que el rostro de mi querido abuelo se asomaba por ella.
–¡Nessie! – Pronunció con cariño, pero a la vez, bastante sorprendido de verme. –¿Pero…? ¿Qué…? ¿Cómo….? Tú…. –Las palabras se le agolparon antes de fruncir el seño, perplejo – ¿Tenemos problemas?– Su voz estaba cargada de recelo mientras salía al exterior, y de una forma casi cómica, giraba su cabeza de un lado al otro, como esperando ver lo mismo una banda de gangsters como una legión de extraterrestres invasores.
–¿Problemas?– Repliqué un tanto divertida, al captar levemente que durante todos estos años, el abuelo había desarrollado varias teorías para explicar lo inexplicable que había alrededor del otro “bando” de la familia. –¿Por qué tendríamos que estar en problemas para visitar a mi abuelito? La última vez que nos visitaste, me dijiste que te encantaría que viniera un día a Forks, que morías por tenerme aquí contigo.
Charlie se olvidó de sus teorías y sus sospechas con mis palabras. Se hizo a un lado, y sonriendo de oreja a oreja, me abrazó con fuerza.
–¡Me alegro que lo hicieras! Ya sé que nos llamamos seguido, pero no es lo mismo. No puedo abrazar a mi nieta favorita por el teléfono.
–¿Tu nieta favorita? Abuelo, soy la única que tienes –dije poniendo demasiado énfasis a lo de “única”. –O a caso, ¿me cambiaste por alguna nieta adoptiva a la que sí puedas sentar en tus rodillas? –No pude evitar sonar celosa.
Charlie se empezó a reír con ganas, mientras me daba un pellizquito en la mejilla izquierda
–En eso te pareces demasiado a tu madre: rápidamente sacas conjeturas y te pones hipersensible…. Claro que no tengo ninguna nieta adoptiva o escondida por ahí…. A ver, antes de seguir con esto, será mejor que entremos a la casa. Ya estoy demasiado viejo como para que la humedad no haga mella en mis huesos o en mis pulmones. ¿Dónde está tu equipaje, Nessie?
–En el auto, pero ni creas que voy a dejar que lo bajes. Ya no tienes la edad para cargar cosas taaaan pesadas.
–Pero no soy ningún viejo decrépito, soy lo bastante fuerte aún para…
–Abuelo, ni Sansón o el tío Emmett serían capaces de cargar con facilidad el equipaje que traigo –lo interrumpí– Tía Alice fue quien me ayudó a empacar.
Solo con pronunciar el nombre de “Alice” y la palabra “empacar” en la misma oración, el abuelo se dio una idea de lo que estaba implícito.
–¡Oh, ya veo! –lentamente me condujo al interior de la casa mientras cerraba tras nosotros la puerta. –¿Tienes hambre? ¿Sed? ¿Quieres pasar al baño? Imagino que quieres estirarte un poco antes de que me acompañes a cenar.
–No a las dos primeras preguntas, sí a la tercera… ¿Dónde está el baño?
–Arriba, la primera puerta a la derecha de las escaleras…. Supongo que eras muy pequeña para recordar la última vez que estuviste en esta casa, así que tendré que darte un tour para que no te pierdas en esta mansión –dijo mientras esbozaba una sonrisita tan parecidas a las de mamá cuando hacía alguna broma.
Charlie me dio un rapidísimo tour por la casa, mostrándome dónde estaba qué cosa. Cuando me mostró el cuarto que había sido de mi madre mientras ella vivió con él, noté que la voz se le cargaba de emoción.
–Esta habitación fue de Bella desde el día que nació, y no sabes qué feliz soy de que hoy duermas en la misma cama que ella… –no volví la vista para mirarlo, porque sabía que odiaba esos exabruptos emocionales, no era bueno manejando los sentimientos, pero estaba casi segura que sus ojos estarían luchando por no dejar salir las lágrimas. –En fin, te dejo para que entres al baño y te pongas presentable para la cena.
–Eso suena como si tuviera que salir por la maleta número 6 de mi equipaje y sacara mi mejor vestido de gala. –Dije al tiempo que me cruzaba el pasillo hasta la puerta del baño.
–¿Maleta número seis? ¿Traje de gala? –el sonido de la voz por demás confundida de mi abuelo me divirtió, casi podría ver en mi mente su rostro perplejo.
–Es una broma. –Grité a través de la puerta cerrada. Me acerqué al lavabo y me observé detenidamente en el espejo. No es que fuera vanidosa, no, ese departamento en la familia era completamente dominado por la tía Rosalie, pero tampoco me gustaba ser descuidada con mi aspecto. Me lavé las manos y el rostro, dando gracias por la perfecta piel heredada de los genes de mi padre, porque si estuviera usando maquillaje en esos momentos, probablemente tendría un aspecto horripilante con el rimmel y el delineador de ojos corrido.
Lo que más deseaba en esos momentos era tomar un buen baño, ponerme la pijama y acostarme a dormir. Pero supuse que ese pequeño ritual humano lo tendría que llevar a cabo después de la cena, porque seguramente Charlie estaba ansioso por saber de mi madre, de mí y con algo de renuencia, de papá y el resto de los Cullen.
Me acomodé el pelo con los dedos, mientras le echaba un último vistazo a mi atuendo. El pantalón de mezclilla negra y la blusa rosa de cuello alto parecían inmaculados, así como mis botas altas de tacón stiletto. Nada mal para un viaje de doce horas en el auto.
Bajé con lentitud las escaleras, observando a detalle aquella casa donde mamá vivió un tiempo. Aquella casa había sido testigo de cómo había nacido la historia de amor de mis padres. Suspiré al recordar cómo se miraban con adoración, la forma en que sus ojos se iluminaban al mirarse mutuamente. La mayoría de mis fantasías románticas estaban basadas en mis padres, porque yo quería encontrar un hombre que me amara como papá amaba a Bella. Yo quería sentir esa misma emoción que ella mostraba cuando él se limitaba a tomarle de la mano. Si había visto que esa clase de amor existía, no podía conformarme con menos.
Claro que no estaba segura si el objeto de mis ensoñaciones románticas pensaría lo mismo. Uno de los motivos por los que había decidido hacer ese viaje a Forks, era por que no me lo podía sacar de la mente… Estaba demasiado confundida, pero a la vez, demasiado decidida aclarar lo que sentía por él.
Había crecido siendo una presencia constante en mi vida. Alguien incondicional, mi compañero de juegos, mi confidente, mi cómplice de travesuras. Pero un día, hace casi un año, lo vi de otro modo, empecé a “sentirlo” de otra manera… ya no era esa ternura, esa complicidad que siempre había sentido por él. No, no, era algo más… algo que me hacía estremecer con solo evocar sus ojos o su sonrisa. Algo que no me atrevía a nombrar por miedo a confundir las cosas y arruinar mi relación con él.
Él… ya no me sentía capaz de pronunciar su nombre ni siquiera a mi misma. Él, que siempre había estado junto a mí, que significa para mí lo mismo que mamá o papá, pero en un sentido diferente. Porque esos sentimientos, esos sueños que tenía sobre él, eran todo menos fraternales… Él, que su nombre era…
–¡Jacob Black! ¡Qué bueno es verte otra vez, muchacho! ¿A qué no sabes quién está de visita?
La voz de mi abuelo, proveniente de la puerta de entrada, me sacó de la ensoñación en que estaba sumida. ¿Jacob estaba aquí? ¿Sabría que venía? ¿Mis padres se habrían comunicado con él? Súbitamente, sentí que las manos me sudaban y me temblaban a la vez, por la anticipación de verlo después de estos doce meses. Instintivamente, retrocedí varios escalones arriba.
–Por el auto que está estacionado allá fuera, imagino que es o el Presidente o Bella y Edward Cullen.
La voz de Jake tenía un cariz extraño, no sabría decir si entre suspicaz o emocionado.
–¡Wow! Así que tenemos visitas, ¿eh, Charlie?
–Así es, Seth. Me alegro que tu madre sea quien cocine en esta casa, porque sino, probablemente la visita se regresaría en un santiamén al ver lo desastroso que soy para la cocina.
El murmullo de las voces se dirigió a la cocina, mientras hacía tiempo para controlar la respiración. No quería que mi reencuentro, con el objeto de mis desvelos fuera un desastre gracias a mis descontroladas reacciones.
Respiré profundamente una última vez antes de bajar con sigilo las escaleras dirigiéndome a la cocina. Las voces charlaban animadamente, incluyendo una cuarta voz perteneciente a una mujer, que no había escuchado momentos antes.
–Sue, eso huele maravillosamente
–Gracias, Charlie… Será mejor que ustedes se pongan a preparar la mesa si quieren cenar en esta casa.
–Esta bien mamá… Jacob, te toca poner los cubiertos.
Sin darme cuenta, llegué hasta el umbral de la cocina, justo cuando Jacob se ponía de pié y giraba en redondo para contestarle a Seth, quien ya se encontraba frente a mi con cara de sorpresa. Jacob esbozaba una sonrisa mientras volteaba el rostro, pero al momento de verme, su mueca se congeló, y lo que debía de ser una sonrisa abierta, alegre, se terminó convirtiendo en una mueca que reflejaba el impacto de verme ahí.
–Renesmee…
No pude evitar estremecerme de placer al escuchar la forma en que pronunció mi nombre, como una suave caricia.
Nos miramos fijamente y antes de que la emoción me dejara articular palabras, Charlie dijo:
–¡Nessie, me arruinaste la sorpresa!... En fin, chicos, Sue, mi nieta vino de visita. –Charlie se escuchaba muy emocionado, e imagino que su rostro lucía igual… la verdad, no sabría decirlo a ciencia cierta, porque mis ojos se negaban a apartarse del rostro de Jake. La abuela Esme decía que era de muy mala educación quedársele viendo a las personas por mucho tiempo, y problablemente, si estuviera ella presente, ya me hubiera reprendido por eso, pero sinceramente, ni quería ni podía dejar de verlo. Era como si mis ojos tuvieran vida y voluntad propia.



Espero que lo disfruten ^^
Ana Clara